Emergencias pediatricas
DIPLOMADO/ ESPECIALIDAD
AEROMEDICINA Y CUIDADOS CRÌTICOS
5TA VERSIÒN
TEMA : EMERGENCIAS PEDATRICAS
Alumno : Dr. Edin Maldonado
Cubas
Profesor Titular : Jaime Charfen
EMERGENCIAS PEDIATRICAS
INTRODUCCIÓN
Las situaciones de
urgencia y emergencia pediátrica requieren atención inmediata y de alta calidad
en cualquier medio donde se presenten ya sea en centros de atención primaria,
transporte sanitario de emergencias, o urgencias hospitalarias o de otros
centros sanitarios, principales emergencias pediátricas
- Infecciones respiratorias.
- Infecciones gastrointestinales
- Asfixia – reanimación cardiopulmonar.
- Traumatismo craneoencefálico
- Urgencias bucodentales.
- Urgencias oncológicas
- Urgencias psiquiátricas
- Otras.
Siendo estas las
principales, entre otras menos comunes.
DESARROLLO
FISIOLOGÌA DEL CRECIMIENTO Y DESARROLLO
En primer lugar,
diferenciaremos los términos crecimiento y desarrollo. A través del crecimiento
el niño aumenta su masa corporal por tres procesos: aumento del número de
células, aumento del tamaño de estas y por el enriquecimiento del contenido del
espacio extracelular. Sin embargo, gracias al desarrollo todas esas células
adquieren un nivel de organización superior, que dota a los órganos de mayor
funcionalidad. Por tanto, el crecimiento es cuantitativo y como tal se mide,
mientras que el desarrollo es algo cualitativo y además, ambos procesos no
tienen por qué ser paralelos.
El crecimiento es un
proceso continuo desde la fecundación hasta la adolescencia, pero el ritmo de
velocidad varía, estableciéndose distintos periodos de crecimiento: acelerado
en la primera infancia, estable en la edad escolar y preescolar y aceleración
del crecimiento en la pubertad.
Se considera primera
infancia los dos años de vida extrauterina, durante los cuales se sustituye el
mecanismo de regulación paracrino-autocrino por la regulación endocrina,
liderada por la hormona del crecimiento a partir del 6º mes de vida. Además, no
solo hay un aumento notable del peso, la talla y la grasa corporal, sino que
las proporciones corporales cambian dando mayor porcentaje al segmento
inferior.
Desde los tres años y
hasta el inicio de la pubertad, hay un crecimiento lento y uniforme, con un
aumento de talla de 5 a 7 cm/año. A medida que se avanza en este periodo, el
crecimiento se desacelera hasta los 7-8 años, momento de la adrenarquia, a
partir del cual se observa un aumento ligero y transitorio de la velocidad de
crecimiento.
Por último, en la
pubertad coinciden un crecimiento elevado y fenómenos madurativos muy
importantes, con el objetivo final de que el adolescente alcance la talla
adulta, el dimorfismo sexual y su capacidad reproductora. Cabe destacar el
estirón puberal con alta velocidad de crecimiento en longitud y de maduración
de las gónadas y genitales, lo cual ocurre sobre los 12 años en las niñas y los
14 en los niños.
El crecimiento y
desarrollo de cada niño depende de su carga genética y de los factores
ambientales que favorecen o dificultan el desarrollo del patrón genético.
Los factores
genéticos regulan la talla y morfología del niño. Además, un grupo de
genes independiente del anterior regulará el ritmo o velocidad de crecimiento
en cada periodo. De esta forma, la maduración ósea, la erupción dentaria, así
como la edad de la menarquía, entre otros índices madurativos, está controladas
genéticamente.
Sobre dicho control
genético actúan factores permisivos que hacen posible la expresión del factor
genético y factores reguladores, los cuales controlan dicha expresión, de
acuerdo con los factores ambientales y determinantes que rodean al niño.
De entre los factores
permisivos, hay que destacar la nutrición, el estatus socioeconómico, el
número de hijos, la afectividad que recibe el niño y el ambiente ecológico en
el cual se desarrolla su infancia. Respecto a los factores psicosociales
nombrados, resaltar que una falta de afectividad en el entorno del niño
disminuye los niveles de hormona del crecimiento, que vuelven a la normalidad
cuando el niño se rodea de un entorno familiar afectivo.
Respecto a los factores
reguladores, su función es iniciar, acelerar o desacelerar el crecimiento
y el desarrollo, gracias a la activación o inhibición de enzimas, liberación de
hormonas o síntesis de proteínas estructurales. De ellos, las hormonas son las
principales reguladoras del crecimiento del niño, destacando la hormona del
crecimiento hipofisiaria (GH), las hormonas tiroideas, el cortisol, los
andrógenos suprarrenales, la testosterona, los estrógenos y los metabolitos
activos de la vitamina D, la parathormona o la insulina. Por otro lado, la
leptina y la grelina, aunque sin tener una relación bien definida con el
crecimiento longitudinal, participan en la adipogénesis y en el control del
peso corporal y de los niveles de glucemia, siendo consideradas también
factores reguladores, pero muy relacionados con la nutrición.
La GH es el principal
regulador hormonal del crecimiento del niño, y actúa junto con las
somatomedinas (también llamados factores del crecimiento similares a la
insulina- IGF I y II) y sus proteínas transportadoras. Este conjunto actúa
desde dos vertientes: sobre el metabolismo y sobre el cartílago de crecimiento,
estimulando la actividad condrocítica (maduración y aumento del número de
condrocitos) y, por tanto, facilitando la creación de la matriz extracelular
del hueso.
Las hormonas
tiroideas, principalmente la T3, favorecen la síntesis y liberación de GH.
Además, estimulan la mineralización ósea. Por otro lado, son importantes
protagonistas de la maduración del sistema nervioso central.
Los andrógenos
suprarrenales y gonadales aumentan la liberación de GH durante la pubertad y
estimulan la proliferación celular y la síntesis de la matriz extracelular en
el cartílago. Ambos efectos participan en el crecimiento longitudinal del niño
y adolescente.
Respecto a los
estrógenos, estimulan la secreción de GH desde la adenohipófisis. Por otro lado,
sobre el cartílago de crecimiento tienen un efecto dosis-dependiente y
antagónico. En dosis bajas, estimulan la síntesis de la matriz extracelular y
su mineralización. Por el contrario, en dosis más altas estimulan la
calcificación del cartílago y el cierre epifisiario y, por tanto, frenan el
crecimiento.
Por otro lado, la
parathormona y los metabolitos activos de la vitamina D regulan el crecimiento
y maduración óseos, favoreciendo la actividad osteoblástica y la mineralización
ósea.
Además, los glucocorticoides
activan la liberación de la GH, mientras que la insulina actúa facilitando la
entrada de glucosa en las células, siendo ambos factores permisivos más que
reguladores.
Por último, respecto a
los factores locales del crecimiento que actúan a nivel celular sobre la
expresión bioquímica inicial del crecimiento o diferenciación celular, nombrar
al factor de crecimiento de las plaquetas (FDGF), al factor de crecimiento de
los fibroblastos (FGF), al epidérmico (EGF), al factor trasformador alfa
(TGFa), al IGF I y II y al sistema TGF-8.
DESARROLLO PUBERAL
El desarrollo puberal
se caracteriza por una fase de aceleración del crecimiento durante el primer
año y medio, seguida de una fase de desaceleración durante los tres años
siguientes, así como por la maduración sexual y el desarrollo de los caracteres
sexuales secundarios (clasificado en 5 estadios según el test de Tanner). Las
niñas alcanzan la pubertad unos 2 años antes que los niños y el promedio de su
pico máximo de crecimiento es de unos 8,5 cm/año, frente a 9,5 cm/año que
alcanzan los niños.
Al inicio del
desarrollo puberal se produce un aumento de GH circulante, de IGF I y de una de
sus proteínas de transporte (IGFBP-3). Esto hace que la biodisponibilidad de GH
y de IGF 1 para actuar sobre los tejidos diana sea muy alta, especialmente para
el cartílago de crecimiento, donde estimula la proliferación y diferenciación
celular, así como la síntesis de la matriz extracelular.
Por otra parte, los
niveles de esteroides gonadales, testosterona en los niños y estradiol en las
niñas se incrementan hasta alcanzar los valores del adulto. Esto ocurre en los
niños al final de la etapa de crecimiento y en las niñas en la menarquia. En
este caso, el patrón de secreción es inverso al de la GH, es decir, valores
plasmáticos bajos acompañan a la fase de aceleración y altos a la
desaceleración y finalización del crecimiento en altura. Los andrógenos
estimulan la proliferación, la diferenciación y mineralización de la matriz.
Por otro lado, los estrógenos estimulan la diferenciación y mineralización de
la matriz, pero inhiben la proliferación celular. De esta forma, los andrógenos
favorecen el crecimiento global del cartílago de crecimiento, mientras que los
estrógenos estimulan la mineralización. Por último, el crecimiento longitudinal
finaliza cuando, bajo la influencia de los estrógenos, secretados por el ovario
o bien convertido por aromatización de la testosterona en los adolescentes
varones, se produce la fusión de las epífisis.
Por tanto, durante el
desarrollo puberal y los primeros años de vida, se producen los periodos de
mayor mineralización de la matriz del tejido óseo. Sin embargo, hay que tener
en cuenta que la mineralización continúa hasta los 21 años. Un 50% se produce
desde el nacimiento y hasta el desarrollo puberal, un 30% durante este y un 20%
durante la adolescencia tardía y hasta los 21 años, edad a la cual todos los
niños deberían llegar con una mineralización ósea lo más adecuada posible.
CARACTERÍSTICAS DIFERENCIALES DE LA FISIOLOGÍA INFANTIL
En este apartado
pretendemos sintetizar algunas de las diferencias entre la fisiología infantil
y la del adulto. Para una mayor claridad, las expondremos por tejidos o
sistemas.
APARATO DIGESTIVO
Cuando nace, el
aparato digestivo del niño está especialmente preparado para la ingestión de la
leche de mujer. Durante el primer año de vida el sistema digestivo madurará y
adquirirá la capacidad de hidrolizar, absorber y utilizar la práctica totalidad
de los alimentos. Además, en el lactante la succión es casi la única función de
la cavidad oral y la capacidad de masticación verdadera no aparece hasta los
6-7 meses de vida. Un hecho importante es la facilidad para el reflujo y la
regurgitación de los recién nacidos, que es debida en gran parte a la inmadurez
del esófago.
En cuanto a las
enzimas digestivas, también sufren cambios durante los primeros meses/años de
vida:
1. Lactasas. Su actividad
no alcanza el nivel máximo hasta el final de la gestación. Puede ser
deficiente, por tanto, en un prematuro. Algunas personas tienen deficiencia de
lactasa fisiológica tardía, que aparece entre los 4 y los 12 años de edad.
2. Amilasas. En el
recién nacido los niveles de amilasa pancreática son inferiores a los del
adulto (el nivel de este se alcanzará al final de la lactancia). En cambio, en
estas primeras etapas intervienen de forma importante en la digestión de
hidratos de carbono sobre todo la amilasa lingual, aunque también la mamaria.
3. Lipasas. En el
recién nacido existen unos niveles bajos de lipasas e inmadurez de la
circulación enterohepática de los ácidos biliares. Como consecuencia, la
digestión de las grasas a esta edad está dificultada. Los ácidos grasos de
cadena larga saturados se absorben mal por el lactante. Los niños menores de un
año absorben el 80% de la grasa ingerida.
APARATO RESPIRATORIO
El aparato
respiratorio en la edad infantil presenta numerosas diferencias con el adulto
como: distinta morfología torácica, mayor frecuencia respiratoria, mayor
debilidad en cartílagos y musculatura, facilidad para el edema y tendencia al
espasmo.
Un niño de 3 años
moviliza 800 ml de aire en una inspiración-espiración forzada, y a los 10 años
el volumen movilizado es de 2 litros. Podemos deducir que el volumen de aire
que movilizan con cada respiración es menor. Por otro lado, un niño de 3-4 años
respira 30-40 veces por minuto, esto supone que la frecuencia respiratoria es
el doble que la de un adolescente.
APARATO CARDIOCIRCULATORIO
Durante los primeros
días de vida se desarrollan cambios muy importantes en el aparato
cardiovascular, puesto que el niño tiene que adaptar la circulación
intrauterina a la vida fuera de la madre. En esta edad, las patologías más
comunes en cuanto al aparato circulatorio son las cardiopatías congénitas. Para
su correcta identificación es útil conocer que los valores de la frecuencia
cardiaca, la presión arterial y el electrocardiograma varían con la edad. Así,
el ritmo cardiaco en reposo es mucho más rápido en un niño (de 120 a 180
latidos por minuto) que en el adulto (de 60 a 80 latidos por minuto). Los tonos
cardiacos o ruidos normales son, fisiológicamente, cuatro. Por auscultación se
suelen percibir solo los dos primeros en un adulto sano y a veces un tercero y
cuarto ruidos en los primeros años de vida.
SISTEMA INMUNOLÓGICO
El sistema inmunitario
comienza su desarrollo a partir de las células madre cuando el embrión tiene
alrededor de cinco semanas; a pesar de ello, durante los primeros meses de vida
el sistema inmunitario del bebé está todavía en proceso de maduración. El
recién nacido está, por tanto, menos preparado para combatir las posibles
infecciones. Solo a lo largo de los primeros años de vida alcanza su completa
madurez, de un modo análogo a lo que pasa con el resto de los sistemas y
órganos. Algunas infecciones virales son graves durante el primer año de vida
(por ejemplo, la varicela). Sin embargo, esta inmadurez inmunológica está
compensada por las defensas que le proporciona la madre durante el embarazo y
la lactancia.
Tener muchas o pocas
infecciones depende más del ambiente y de los gérmenes patógenos con los que
tenemos contacto que del estado de las defensas. Esto sucede muy habitualmente
cuando el niño empieza a ir a la guardería, siendo normal en esta época que el
niño sufra catarros frecuentes. Si realmente hay un fallo inmunológico, lo que
sucedería es que las infecciones banales se complicarían con facilidad.
SISTEMA RENAL
Al nacer, el riñón
reemplaza a la placenta como principal órgano homeostático, mantiene el
equilibrio hidroelectrolítico y elimina los productos perjudiciales de desecho.
A pesar de esto, se podría decir que el riñón de un recién nacido es un riñón
inmaduro o «fisiológicamente insuficiente»:
1. La tasa de
filtración glomerular es baja después del nacimiento, aumenta rápidamente hasta
el doble a las 2 semanas de vida y alcanza los valores del adulto al año de
edad.
2. Los recién nacidos
a término pueden retener sodio; sin embargo, tienen una capacidad limitada para
excretar una carga de sodio.
3. El recién nacido
tiene una capacidad limitada para concentrar la orina. Tanto los prematuros
como los recién nacidos a término pueden diluir la orina.
4. En el recién nacido
hay un aumento de la retención de fosfato asociado al crecimiento.
Visión
Durante los primeros
meses y años de la vida de un niño el sistema visual todavía está
desarrollándose, de tal modo que a medida que el niño crece van cambiando las
características anatómicas del sistema ocular y el niño tiene que «aprender a
ver» al mismo tiempo. Dos de los cambios más llamativos que destacamos en este
apartado son el crecimiento del tamaño del ojo y el desarrollo de la retina.
En el nacimiento la
longitud de delante atrás es más corta que en la edad adulta, ello hace que las
imágenes se formen por detrás de la retina, y el ojo del niño es, por tanto, un
ojo hipermétrope. Durante el crecimiento el ojo se alarga hasta adquirir la
longitud propia del adulto y se transforma en un ojo emétrope.
La retina es la parte
del ojo más inmadura en el momento del nacimiento. La densidad de los conos en
la fóvea es menor y no alcanzan la madurez funcional hasta los 2 años. Las
células ganglionares al principio están localizadas en el polo posterior y
hasta los 2 o 3 años de vida no alcanzan la periferia.
Esta inmadurez del
sistema visual conlleva que en el nacimiento la agudeza visual es de 5/100 y es
a partir de los 2 años de edad cuando llega a 10/10.
PRINICIPALES
EMERGENCIA PEDIATRICAS
EL
PARO CARDIORRESPIRATORIO
El paro
cardiorrespiratorio es la ausencia de actividad cardíaca detectable
clínicamente.
Por esta razón, es muy
importante realizar una adecuada evaluación cardiopulmonar en el paciente
pediátrico y reconocer tempranamente los signos de falla respiratoria y shock
para iniciar su manejo y así evitar el paro cardiorrespiratorio. Debe usarse el
modelo de: “Evaluar, categorizar, decidir y actuar“ para tratar los niños
gravemente enfermos o traumatizados.
Evaluación
General: Es la primera y más básica aproximación al paciente
pediátrico, que se realiza en pocos segundos y que permite categorizar al
paciente en tres grandes grupos:
1. Paciente
Inestable con amenaza para la vida: si el paciente no responde, no respira y no
tiene pulso inicie maniobras de RCP. Si el paciente tiene comprometidos dos
lados del triángulo o solamente el lado de la apariencia, este paciente está
inestable y requiere atención inmediata.
2. Paciente
potencialmente inestable: Si el paciente tiene un solo lado del triángulo
comprometido respiración o circulación, el paciente requiere atención
prioritaria.
3. Paciente
estable: si el paciente no tiene ningún lado del triángulo comprometido, el
paciente puede observarse o diferirse su atención.
Se realiza por medio
del triángulo de aproximación pedíatrica evaluando sus tres lados de manera
visual y auditiva (no requiere uso de dispositivos como fonendoscopio,
tensiómetro, etc.
Evaluación Primaria:
Evaluar el ABCDE
A Vía aérea.
B Respiración.
C Circulación.
D Discapacidad (estado
neurológico).
E Exposición.
Incluye además la
evaluación de signos vitales y pulsoximetría
Evaluación Secundaria:
Se enfoca en la historia médica actual y la evaluación de la nemotecnia en
inglés SAMPLE que significa:
S: Signos y síntomas de
la enfermedad actual.
A: Alergias.
M: Medicaciones.
P: (Past history)
historia clínica pasada.
L: (Last meal) hora de
la última comida.
E: Eventos relacionados
con la enfermedad actual.
Además se realiza un
examen físico minucioso de la cabeza a los pies.
Evaluación Terciaria:
Se realizan exámenes de laboratorio, Rayos X y otros estudios que ayuden a
evaluar la condición fisiológica del niño y a realizar un diagnóstico.
Categorizar Ayuda a
clasificar según la evaluación cardiopulmonar, la condición clínica del niño,
el tipo y la gravedad de la enfermedad.
Decidir Según la
categoría se define la conducta terapéutica a instaurar. Se debe determinar si
la condición del paciente es amenazante para la vida o no es amenazante. Si es
amenazante para la vida, se deben instaurar medidas salvadoras y activar el
Código Azul de emergencias, si la situación no pone en riesgo la vida del
paciente, debe continuarse con la evaluación sistemática. Actuar Iniciar el
tratamiento adecuado para la condición clínica del niño. Las acciones de la RCP
avanzada en niños incluyen:
• Activar el sistema
médico de emergencia o el Código Azul.
• Iniciar la RCP.
• Traer monitor y
desfibrilador.
• Administrar oxígeno y
asegurar la vía aérea cuando corresponde.
• Obtener acceso venoso y admistrar
medicamentos
INFECCIONES RESPIRATORIAS.
INFECCIÓN BUCODENTAL
Concepto: infección
que tiene lugar en el interior de la cavidad bucal, pudiendo afectar a dientes,
periodonto, mucosa oral, lengua y huesos maxilares. Infección odontogénica
Tiene su origen en las estructuras del diente, siendo la causa más frecuente la
caries, que comienza afectando a los tejidos duros del diente (esmalte y
dentina), pudiendo progresar los gérmenes hasta la cámara pulpar y conductos
radiculares ocasionando una pulpitis. Otras veces, el origen de la pulpitis es
un traumatismo dental o bien un tratamiento previo sobre el diente
(obturaciones muy profundas, tallados, etc.) que pueden provocar inflamación y
posterior necrosis pulpar. Estos procesos inflamatorios se deben a los productos
de degradación y toxinas de los microorganismos que penetran en el tejido
pulpar. Los gérmenes más frecuentemente implicados pertenecen al grupo de los
Streptococcus (S. mutans, S. sanguis, S. salivarium, Lactobacillus (L.
acidophilus, L. casei), Actinomyces (A. viscosus, A. naeslundii) y
Staphylococcus (S. aureus, S. epidermidis). Clínica La pulpitis aguda se
caracteriza por un dolor intenso y localizado que es provocado por estímulos
como el frío, el calor, alimentos dulces o ácidos. El dolor desaparece
inmediatamente al retirar el estímulo. La pulpitis crónica se caracteriza por
un dolor pulsátil que aumenta con el calor y se calma con el frío, el dolor
suele ser de aparición nocturna y generalmente el paciente no puede precisar el
diente afecto. Si la progresión de gérmenes continúa se puede afectar el tejido
periodontal y ocasionar la aparición de un absceso alveolar, que es la
formación de una colección purulenta en el hueso periodontal. El dolor se
vuelve intenso con la oclusión o incluso con el roce de la lengua y se acompaña
de una tumefacción periapical y edema inflamatorio. Esta colección purulenta
puede abrirse camino al exterior a través de la cortical ósea mediante una
fístula, o avanzar por el tejido celular subcutáneo originando una celulitis o
extenderse a los huesos maxilares provocando una osteomielitis que en los casos
más graves puede originar una sepsis. En ocasiones, el absceso se cronifica
dando lugar a granulomas y quistes radiculares. Diagnóstico Por la anamnesis,
la exploración bucodental y la exploración radiológica, fundamental para
determinar el avance de la infección y sus complicaciones.
TRATAMIENTO
– Tratamiento odontológico (apertura de la
cámara pulpar y drenaje del tejido necrótico, y en los abscesos realizar
drenaje quirúrgico). – Tratamiento farmacológico: - Antibióticos: de primera
elección: Amoxicilina 25-50 mg/kg/24 h. V.O. Amoxicilina-clavulánico 25-50 mg/kg/24
h. V.O.; 100 mg/kg/24 h. I.V. - Antibióticos: de segunda elección:
Eritromicina: 30-50 mg/kg/24 h. V.O.; 20-50 mg/kg/24 h. I.V. Clindamicina:
10-20 mg/kg/24 h. V.O.; 25-40 mg/kg/24 h. I.V. - Analgésicos: Paracetamol: 60
mg/kg/24 h. - Antiinflamatorios: Ibuprofeno: 30-50 mg/kg/ 24 h.
Infección de la mucosa
oral (encía, lengua y paladar) Las infecciones más frecuentes asientan en la
encía y se denominan gingivitis. El origen de las gingivitis puede ser
bacteriano, vírico o micótico. La gingivitis bacteriana se caracteriza por la
existencia de una encía enrojecida, edematosa y que sangra espontáneamente con
el cepillado de los dientes. Pueden aparecer molestias más o menos intensas,
pero normalmente no es un dolor importante, salvo en la gingivitis úlcero-necrotizante.
El germen más frecuentemente aislado es el Actynomices. Es muy frecuente en
niños y adolescentes. El acúmulo de placa bacteriana supra y subgingival, por
mala higiene, es el factor etiológico más importante. El tratamiento consiste
en la eliminación de la placa dental en la clínica mediante curetaje y
ultrasonido, así como en la enseñanza de técnicas de higiene bucal en el
domicilio (cepillado correcto, uso de seda o microcepillos interdentales y
pastillas reveladoras de placa). En casos de gingivitis importantes es útil el
uso de sistemas de control químico de la placa mediante productos antisépticos
en forma de colutorios, siendo el más eficaz la clorhexidina, en períodos de 10
días al mes. En la gingivitis ulcerativa-necrotizante se produce una necrosis
del tejido blando pudiendo afectar se el hueso alveolar de soporte. Son raras
en nuestro medio ya que en la etiología de estos procesos están implicadas la
malnutrición y un bajo nivel de higiene oral, aunque también se pueden ver en
procesos que cursan con inmunosupresión, como es el caso de niños con leucemia
bajo tratamiento antineoplásico. La clínica se traduce en una destrucción de la
arquitectura gingival, sobre todo en las zonas interdentales, con formación de
cráteres de tejidos blandos en los que aparecen membranas grisáceas. La
halitosis es un signo típico en las fases agudas. Si la infección es más
profunda y afecta a los tejidos óseos, el dolor es más intenso y aparece
fiebre, malestar general y adenopatías cervicales. Los gérmenes más
frecuentemente aislados son las espiroquetas. El tratamiento incluye el
desbridamiento local de las zonas afectadas, el uso de antisépticos orales como
la clorhexidina y antibióticos sistémicos, como penicilina y metronidazol. En
cuanto a la etiología vírica, son muchos los virus que pueden causar
enfermedades con manifestaciones orales, cada uno de ellos con un cuadro
clínico diferente. Las más frecuentes son: – Gingivoestomatitis herpética:
aparece generalmente en la infancia temprana pero también en adolescentes,
adultos jóvenes y pacientes con inmunodeficencias. El agente causal es el virus
del herpes simple (VHS), generalmente el subtipo VHS-1. El período de
incubación es de 2-20 días y la enfermedad comienza con fiebre, malestar
general, artralgias, anorexia e inflamación de la mucosa oral. A los dos días
aparecen lesiones vesiculares dolorosas en la boca, que pueden afectar a la
región peribucal, paladar duro y blando, encía, lengua y labios. Se acompaña de
adenopatías regionales dolorosas. Las vesículas rápidamente se ulceran y
provocan un intenso dolor; la encía aparece edematosa y eritematosa, sangrando
con facilidad al menor estímulo. El cuadro se resuelve totalmente en un período
aproximado de 14 días. El diagnóstico de certeza se realiza por el aislamiento
del virus y por el aumento de los niveles de anticuerpos contra el virus que se
mantiene durante aproximadamente 6 semanas. El tratamiento es sintomático y
consiste en la administración de antipiréticos y analgésicos para la fiebre
TRATAMIENTO
– Nistatina tópica = aplicaciones
4 veces/día durante un máximo de 14 días, manteniendo la aplicación hasta 48 h.
tras la remisión de los síntomas. - Recién nacidos: 100.000 u en cada
aplicación. - Niños menores de 1 año: 200.000 u en cada aplicación. - Niños
mayores de 1 año: 300.000-500.000 u en cada aplicación. – Nistatina solución =
2,5-5 ml/2-4 veces día/24 h. (5
ml= 500.000 U) . –
Fluconazol = 6 mg/kg/24 h, durante 7-14 días. En neonatos, administrar cada 2-3
días.
INFECCIONES
DE LA VÍA RESPIRATORIA.
·
Amigdalitis
·
Laringitis.
·
Faringoamidalitis
Debemos considerar de
suma importancia la diferenciación de la infección de la vìa aérea inferior y
poder realizar una anamnesis adecuada para tomar las medidas correctivas
adecuadas en base al diagnóstico, tomando como base lo siguiente:
·
NEUMONÍA
MUY GRAVE
o
Signos
y síntomas. Cianosis central, no puede beber, tiraje
subcostal, taquipnea, fiebre.
o
Tratamiento.
Oxígeno, canalizar vìa antibiótico, antipirético, broncodilatador si presenta
broncoespasmo, mantenimiento o sostén, laboratorio de complementación, medición
de catnografìa
·
NEUMONÍA
GRAVE
o
Signos
y síntomas. Cianosis central, puede beber, tiraje subcostal,
taquipnea, fiebre.
o
Tratamiento.
Oxígeno, canalizar vìa antibiótico, antipirético, broncodilatador si presenta
broncoespasmo, mantenimiento o sostén, laboratorio de complementación, medición
de catnografìa
·
NEUMONÍA.
o
Signos
y síntomas. Cianosis distal, puede beber, puede o no haber tiraje
subcostal, taquipnea, fiebre.
o
Tratamiento.
Valorar los signos vitales y el esfuerzo
respiratorio, administrar vìa oral y en domicilio antibiótico vìa oral, antipirético,
mantenimiento o sostén, indicación de reconocimiento de signos de peligro
·
Tos o resfriado o sin neumonía.
o
Tratamiento y sintomatológico y de reconocimiento
de signos de peligro.
·
CRUP
GRAVE.
El
crup grave se caracteriza por estridor en un niño tranquilo, tiraje y ronquera.
En el crup bacteriano, puede haber copiosos esputos purulentos, fiebre alta,
babeo, obstrucción seria de las vías aéreas, y duración prolongada. Se debe
tratar de no examinar la garganta del niño, pero si no se puede evitar, se debe
hacer con sumo cuidado, pues las arcadas pueden precipitar una obstrucción
aguda. El crup grave es más probable que sea de origen bacteriano que el crup
leve
·
TRATAMIENTO.
Asegúrese
de que el niño es supervisado de cerca y que el equipo de traqueostomía está a
la mano. Examinar al niño y observarlo estrechamente. Observe bien si hay
signos de obstrucción tiraje grave, agitación y ansiedad (falta de aire) debido
a la incapacidad para respirar, cianosis e intercambio mínimo de aire. Si está
presente cualquiera de estos signos, haga una traqueostomía. (Si se puede hacer
la traqueostomía, evite usar oxígeno con crup grave, pues puede encubrir los
signos de obstrucción. Refiera al niño a una instalación terciaria después de
la primera dosis de antibiotico si no se puede hacer la traqueostomía o no hay
disponible un cirujano experimentado. La traqueostomía es muy difícil de
realizar en niños pequeños. El vapor frío, supresores de tos y mucolíticos no
son eficaces
·
CRUP
LEVE
El crup leve se
caracteriza por una voz ronca y tos áspera como ladridos, pero sin estridor
cuando el niño está tranquilo, y sin signos de difteria o neumonía. El estridor
en un niño con sarampión es indicación para ingresarlo, incluso si ocurre
solamente cuando el niño está molesto o llorando.
Tratamiento:
Domiciliario y por vìa oral.
INFECCIONES GASTROINTESTINALES
La causa más frecuente
de GEA en la edad pediátrica es la infección entérica, que puede estar
originada por: – Virus (fundamentalmente Rotavirus, y con menor frecuencia,
Adenovirus, Calicivirus, Astrovirus...). Constituyen la causa más importante de
GEA en la infancia; especialmente en los países desarrollados. – Bacterias
(Salmonella, Campylobacter, Shigella, Aeromonas, Yersinia...). Predominan en
determinadas épocas del año y en niños mayores. Cobran especial relevancia en
países en vías de desarrollo. – Parásitos (Giardia lamblia). Estos gérmenes van
a producir la GEA alterando la absorción y secreción de agua y electrolitos a
nivel intestinal mediante tres mecanismos: – Enterotóxico (V. cholerae, E.
coli): liberación de toxinas que estimulan la secreción e inhiben la absorción
a nivel del intestino delgado. Conlleva importantes pérdidas
hidroelectrolíticas, con gran riesgo de deshidratación. – Enteroinvasivo
(Salmonella, Shigella, Campylobacter): reacción inflamatoria en colon e íleon
terminal. Da lugar a deposiciones numerosas con moco y, a veces, sangre, pero
con menor riesgo de deshidratación por menores pérdidas hidroelectrolíticas. –
Osmótico (virus): invasión y descamación de los enterocitos de las vellosidades
intestinales que conlleva una disminución de la absorción de agua y electrolitos
(diarrea acuosa) así como de la actividad de las disacaridasas con la
consiguiente malabsorción de carbohidratos (diarrea osmótica).
Estimaciòn de la deshidrataciòn.
TRATAMIENTO
Utilización de
soluciones de rehidratación oral para corregir la deshidratación. – Uso de una
solución hipotónica (60 mmol/l de sodio y 74-111 mmol/l de glucosa).
– Rehidratación oral
rápida: 3-4 horas.
– Realimentación
precoz, reiniciando una dieta adecuada para la edad, sin restricciones, tan
pronto como se corrija la deshidratación.
– Mantenimiento de la lactancia materna.
– En caso de alimentación con fórmula, no se
aconseja su dilución ni la utilización de fórmulas especiales (sin lactosa,
hidrolizados...).
– Suplementación con solución de rehidratación oral
para las pérdidas mantenidas debidas a la diarrea.
– No realización de pruebas de laboratorio ni
aplicación de medicaciones innecesarias.
Las
soluciones de rehidratación oral (SRO) son el tratamiento de elección para
reponer las pérdidas de agua y electrolitos causadas por la diarrea en niños
con deshidratación leve o moderada. Ello es gracias a que han demostrado ser un
método seguro, rápido, económico, no agresivo y que permite la colaboración de
los familiares.
TRAUMATISMO CRANEOENCEFÀLICO
Se define como traumatismo craneoencefálico (TCE)
cualquier alteración física o funcional producida por fuerzas mecánicas que
actúan sobre el encéfalo o alguna de sus cubiertas. Esta definición incorpora
los códigos 800-804.99 (fractura craneal y de los huesos de la cara) y
850-854.99 (traumatismo intracraneal sin fractura de cráneo) del CIE-9 MC. El
TCE infantil constituye un motivo frecuente de consulta en Urgencias. Aunque en
su mayoría no conlleva consecuencias graves, el TCE supone la primera causa de
muerte y discapacidad en niños mayores de 1 año en los países desarrollados. Se
estima que 1 de cada 10 niños sufrirá un TCE no banal a lo largo de la
infancia. Por otra parte se considera que la mortalidad de los traumatismos es
dos veces mayor en niños menores de 12 meses que en el resto de edades
pediátricas.
Fisiopatología Comparativamente con el resto de la
población, los pacientes pediátricos presentan con mayor frecuencia lesión
intracraneal, en especial cuanto menor es la edad del paciente. Esta mayor
susceptibilidad de los niños ante los TCE se debe a una superficie craneal
proporcionalmente mayor, una musculatura cervical relativamente débil, un plano
óseo más fino y deformable, y un mayor contenido de agua y menor de mielina, lo
que origina daño axonal difuso en los accidentes de aceleración y
desaceleración. Un TCE genera distintos tipos de daño cerebral según su
mecanismo y momento de aparición. Esta diferenciación ha de ser considerada en
el manejo diagnóstico y terapéutico del paciente: – Daño cerebral primario. Se
produce en el momento del impacto, a consecuencia del traumatismo directo sobre
el cerebro, o por las fuerzas de aceleración o desaceleración en la substancia
blanca. Incluyen la laceración y contusión cerebral y las disrupciones
vasculares y neuronales. Una vez producidas estas lesiones, son difícilmente
modificables por la intervención terapéutica. – Daño cerebral secundario.
Resulta de los procesos intracraneales y sistémicos que acontecen como reacción
a la lesión primaria, y contribuyen al daño y muerte neuronal. A nivel
intracraneal pueden aparecer edema cerebral, hemorragias intracraneales
(axiales o extraxiales), convulsiones, etc., con un intervalo variable de tiem po
desde el traumatismo. A nivel sistémico, debido a la lesión cerebral primaria u
otras lesiones asociadas, se pueden producir alteraciones que comprometen aún
más la perfusión neuronal, como hipotensión arterial, hipoxemia, hipercapnia o
anemia. El daño cerebral secundario, a diferencia del primario, es
potencialmente tratable y en su mayoría anticipable.
Manifestaciones clínicas La mayoría de los
traumatismos no producen daño cerebral y cursan con ausencia de síntomas o
signos exploratorios. Los distintos tipos de daño cerebral pueden
correlacionarse con una serie de manifestaciones clínicas. A partir de los dos
años los hallazgos físicos y los síntomas sugerentes de lesión intracraneal han
demostrado tener un valor predictivo positivo de lesión intracraneal similar al
de los adultos (nivel de evidencia B). Estas manifestaciones son las
siguientes: – Alteraciones de la consciencia. La pérdida de consciencia
inmediata al traumatismo es relativamente frecuente, y sólo ha demostrado ser
un factor de riesgo independiente si su duración supera los 5 minutos. Sin
embargo las variaciones del nivel de consciencia en el medio sanitario son el
mejor indicador de la intensidad del traumatismo y de la función general del
cerebro. – Signos neurológicos. Son extraordinariamente variados y dependen de
las áreas cerebrales lesionadas. Pueden aparecer desde el momento del
traumatismo, acompañar a una alteración de la consciencia inicial o presentarse
tras un intervalo libre de síntomas. Debido a su alto valor predictivo de
lesión intracraneal, se debe realizar la exploración neurológica sistematizada
a todos los pacientes con TCE, y ante su presencia, la valoración periódica de
de su evolución. – Alteración de las funciones vitales. Con relativa
frecuencia, en los momentos iniciales de los TCE se producen alteraciones
transitorias de la frecuencia cardiaca y la tensión arterial, que se normalizan
en un corto espacio de tiempo. Estas manifestaciones pueden ser desencadenadas
por una reacción vagal, que suele acompañarse de vómitos, cefalea y obnubilación
leve, que mejo ran paulatinamente. Pasado este primer momento, las alteraciones
del ritmo cardiaco, la tensión arterial o la frecuencia respiratoria deben
considerarse como un motivo de alarma. – Particularidades clínicas de los
menores de dos años. Los lactantes constituyen un grupo de particular riesgo de
lesión intracraneal. En ocasiones, la forma de presentación de las lesiones
cerebrales significativas puede ser sutil, con ausencia de los signos o
síntomas de alarma neurológica. Como en los demás grupos de edad, los lactantes
presentan alto riesgo de lesión intracraneal ante la presencia de alteración
del nivel de consciencia y focalidad neurológica. Además, en menores de 2 años
la fractura de cráneo se ha mostrado como un factor de riesgo independiente de
lesión intracraneal. A su vez se ha establecido la asociación entre la
presencia de cefalohematoma y de fractura craneal.
DIAGNÓSTICO
Y VALORACIÓN DE LOS TCE La mayor reducción de la
mortalidad resulta de prevenir el deterioro y daño cerebral secundario que se
pueda manifestar en pacientes que han sufrido un TCE. La actuación del pediatra
estará determinada por el riesgo de lesión intracraneal, establecido por la
historia clínica, la exploración y, en casos seleccionados, las pruebas de imagen.
1. Anamnesis Es importante obtener del paciente, familiares o acompañantes la
mayor información posible respecto a las características del traumatismo: hora
y lugar del accidente, mecanismo de producción, si existió o no pérdida inicial
de consciencia, enfermedades o condiciones previas, síntomas que ha presentado
hasta la valoración clínica. No ha de infravalorarse la preocupación de los
padres con respecto al estado del niño, incluso en los casos de que no
impresione de gravedad. 2. Exploración La secuencia de actuación más aceptada
es la de A (vía aérea+control de columna cervical), B (Ventilación), C
(Circulación), D (Evaluación neurológica
MEDIDAS
TERAPÉUTICAS Y DE SOSTÉN
– Fluidos y
electrolitos. Se utilizara en aquellos pacientes con náuseas y/o vómitos. Se
recomienda que los aportes no sobrepasen el 60- 70% del mantenimiento durante
las primeras 24 horas. – Antibioterapia. Sólo se recomienda su utilización
empírica en los niños con fractura basilar abierta. – Analgesia. El dolor y la
agitación aumentan la presión intracraneal. Debe tratarse con analgésicos no
sedantes (paracetamol ó AINE) para no interferir con la valoración neurológica.
– Anticonvulsivos. No se recomienda su administración sistemática. – Manejo de
la hipertensión intracraneal. Aunque no es objeto de este protocolo, algunos
pacientes, especialmente con TCE grave o moderado pueden ser sometidos a
medidas especiales, asumiendo que su manejo corresponde a una UCI Pediátrica,
con Servicio de Neurocirugía Infantil. La monitorización de la presión
intracraneal está indicada para aquellos niños con un GCS
<8. En estos casos resulta fundamental mantener una presión de perfusión cerebral (presión arterial media menos presión intracraneal) superior a 60 mm. Hg. Con este fin se ha de procurar mantener al paciente siempre en situación de normotensión y euvolemia>
URGENCIAS ONCOLÓGICAS
Las complicaciones que pueden aparecer en los niños
con cáncer a veces son urgencias en cuanto a que pueden ser potencialmente
mortales y requieren una valoración y tratamiento inmediato. Además pueden
afectar a diferentes órganos o sistemas empeorando el pronóstico inicial. Estas
complicaciones pueden ser la primera manifestación de su enfermedad en un
paciente no diagnosticado previamente, o pueden aparecer a lo largo de su
evolución ya sea por progresión de la misma o como complicación del tratamiento
utilizado.
FIEBRE. Los pacientes oncológicos presentan una
especial susceptibilidad a sufrir infecciones potencialmente graves. Ello
depende de diferentes factores de riesgo como puede ser la alteración de
barreras cutáneo mucosas (mucositis, punciones venosas,...), malnutrición,
alteraciones de la inmunidad, etc. Sin embargo el principal factor de riesgo es
la presencia de neutropenia. Las infecciones constituyen una complicación
frecuente en estos pacientes, sin embargo hay que tener en cuenta también que
pueden existir otras causas de fiebre como la administración de determinados
citostáticos (Ara-C), transfusiones, reacciones alérgicas o por el propio
proceso tumoral. La detección de fiebre en un paciente oncológico nos obliga a
practicar una exploración meticulosa en búsqueda del potencial foco infeccioso.
Éste puede ser difícil de encontrar principalmente en pacientes neutropénicos.
También hay que realizar una analítica con hemograma y PCR y cultivos
microbiológicos. Ante un paciente neutropénico y sin foco evidente de la fiebre
se debe iniciar tratamiento antibiótico de amplio espectro de forma empírica
La mayoría de las infecciones son por gérmenes de la
flora endógena del paciente. Los gérmenes que mas frecuentemente vamos a
encontrar van a ser bacterias: cocos grampositivos, principalmente en relación
con catéteres, y bacilos gramnegativos que van a ser responsables de las
infecciones potencialmente mas graves. Hay que tener en cuenta también la
posibilidad de infecciones por hongos invasivos, sobretodo ante pacientes con
neutropenias prolongadas en tratamiento con antibióticos de amplio espectro o
en tratamientos prolongados con corticoides u otros inmunosupresores. Hay una
serie de criterios que hay que tener en cuenta porque se asocian a un alto
riesgo de bacteriemia. Ésta a veces puede ser la única evidencia de infección,
sobretodo en pacientes neutropenicos: – Tª axilar > 39°C. – Neutrófilos <
100 /mm3 y monocitos < 100/mm3. – Duración prolongada de la neutropenia
(> 7 días). – PCR > 90 mg/L. – Edad < 2 años. – Mucositis, dolor
abdominal, vómitos o diarrea. – Hipotensión arterial, taquipnea, hipoxemia. –
Fallo renal o hepático. – Alteraciones neurológicas o cambios del estado
mental. – Proceso neoplásico no controlado. Entre los antibióticos más
utilizados inicialmente y que presentan un amplio espectro de cobertura,
tenemos: – Cefalosporinas de 3ª y 4ª generación como Ceftazidima o Cefepima a
dosis de 150 mg/kg/día cada 8 h (máx 6 g/día). – Carbapenem como Meropenem a
dosis de 60-120 mg/kg/día cada 8 h (máx de 3 g/día) o Imipenem a dosis de 50
mg/kg/día cada 6 h (máx de 4 g/día).
Se considerará añadir tratamiento con algún
Aminoglicósido con actividad antipseudomona en caso de sospecha de infección
por dicho germen o en pacientes de alto riesgo: – El más utilizado es la
Amikacina a dosis de 20 mg/kg/día cada 8-12 h (máx de 6 g/día). – También se
puede asociar la Amikacina a Carboxipenicilina antipseudomona como la
Ticarcilina/ Clavulánico a dosis de 200-300 mg/kg/día cada 4-6 h (máx de 24
g/día) o Ureidopenicilina como la Piperacilina/Tazobactam a dosis de 300
mg/kg/día cada 4 h (máx de 12 g/día). La utilización de Vancomicina a dosis de
60 mg/kg/día cada 6-12 h (máx de 3 g/día) o Teicoplanina a dosis de 10 mg/kg/12
h x 3 dosis seguido de 10 mg/kg/24 h (máx de 400 mg/dosis), debe considerarse
de entrada en pacientes con: – Sospecha de infección relacionada con catéteres.
– Mucositis importante. – Signos clínicos de sepsis. – Colonización por
neumococos resistentes a penicilinas y cefalosporinas o por estafilococos
aureus meticilin resistente (MARSA). La persistencia de neutropenia febril a
los cinco días de iniciado el tratamiento antibiótico obliga a considerar
añadir tratamiento antifúngico de forma empírica. El antifúngico mas utilizado
es la Anfotericina B en sus formulaciones lipídica o liposomal a dosis de 3-5
mg/kg/día. Otros antifúngicos a considerar en caso de evolución tórpida o ante
sospecha de infección fúngica invasiva son los nuevos imidazoles como el
Voriconazol y las equinocandininas como la Caspofungina. Hay que considerar
también el tratamiento con CSF-G (factor estimulador de colonias granulocíticas)
en pacientes neutropénicos con fiebre si se prevee que la neutropenia va a ser
prolongada o si se sospecha una infección grave.
SÍNDROME
DE LISIS TUMORAL (SLT) Conjunto de alteraciones
metabólicas que se producen por la destrucción masiva de células neoplásicas
con un alto índice de proliferación y liberación de su contenido a la
circulación. Suele presentarse después de iniciar tratamiento citotóxico,
habitualmente en las primeras 12-72 horas, pero también puede presentarse de
forma espontánea
HIPERCALCEMIA.
Se produce cuando la movilización del calcio óseo supera la capacidad de
eliminación renal. El aumento de calcio puede deberse a la destrucción ósea o a
la producción por el tumor de sustancias que estimulan la actividad
osteoclástica. Es poco frecuente y se presenta más en pacientes con LAL y
linfoma de Hodgkin, así como en tumores óseos (S. Ewing). También puede
aparecer en otros tumores como el rabdomiosarcoma con metastasis óseas. Los
síntomas de la hipercalcemia leve, con niveles de Ca de 12 a 15 mg/dl, o Ca
iónico > 5,2 mg/dl, son: debilidad generalizada, somnolencia, anorexia,
náuseas, vómitos, estreñimiento, dolor abdominal o dorsal y poliuria. Con
valores más altos hay debilidad intensa, vómitos intensos, coma y bradiarritmia
con ondas T amplias y PR prolongado en el ECG. Cuando los valores superan los
20 mg/dl puede ser mortal
HIPERLEUCOCITOSIS.
Se puede presentar en diversos tipos de leucemia y se define como una cifra de
leucocitos superior a 100.000/mm3. Se produce un aumento de la viscosidad
sanguínea que puede ocasionar leucostasis consistente en lesión endotelial y
oclusión vascular por las células leucémicas. Si bien puede afectar cualquier
órgano, los más frecuentemente afectados son el cerebro y el pulmón: –
Leucostasis pulmonar: signos y síntomas de insuficiencia respiratoria. Puede
haber presencia de infiltrados pulmonares en la radiografía de tórax. –
Leucostasis cerebral: cambios en el estado mental, cefaleas, convulsiones y
papiledema. El tratamiento es similar al de la lisis tumoral con
hiperhidratación, alcalinización y rasburicasa. Se debe mantener una Hb < 10
g/dl y se deben transfundir plaquetas si su recuento es inferior a 20.000/mm3.
En estos pacientes hay que evitar en lo posible el empleo de diuréticos.
SÍNDROME
DE LA VENA CAVA SUPERIOR. Es el síndrome resultante de la
obstrucción del flujo de la sangre en la vena cava superior por lo que
dificulta el retorno venoso de la cabeza y el cuello. Cuando existe también
compresión de la traquea, se denomina síndrome del mediastino superior. La
etiología más frecuente son los tumores malignos: linfomas no hodgkinianos,
enfermedad de Hodgkin y leucemia aguda linfoblástica tipo T. Además de la
compresión extrínseca, se puede producir por trombosis en cualquier tipo de paciente
portador de un catéter venoso central. Dejando aparte las exploraciones
habituales en oncología, serán útiles la TAC torácica y la RMN.
CISTITIS
HEMORRÁGICA. Es la causa más frecuente de hematuria
macroscópia en el paciente oncológico. Se debe al tratamiento con fármacos como
la ciclosporina y la ifosfamida
que se metabolizan en el hígado en acroleína que es
tóxica para la mucosa vesical. También en pacientes que han recibido
radioterapia pélvica. Aparece al cabo de horas, días o meses después de su administración
en forma de edema de la mucosa, ulceraciones, telangiectasias subendoteliales y
fibrosis submucosa. Puede evolucionar a fibrosis vesical, reflujo e
hidronefrosis. Las manifestaciones clínicas incluyen un síndrome miccional con
disuria, urgencia miccional, polaquiuria, dolor en epigastrio y hematuria que
puede ser micro o macroscópica.
URGENCIAS PSIQUIATRICAS
Aunque las urgencias psiquiátricas verdaderas son
poco usuales, un número significativo de niños consultan en los servicios de
urgencias pediátricos por presentar síntomas o signos atribuibles a patología
de la esfera psicológica. El servicio de urgencias es el lugar donde se inicia
la valoración de muchos de estos trastornos y el pediatra de urgencias debe
tener habilidades en el diagnóstico de problemas psiquiátricos, conocimientos
de cómo intervenir en las crisis y tener planificadas las decisiones de
derivación, alta u hospitalización de estos pacientes. Estas situaciones
generan en el pediatra de urgencia gran preocupación por diferentes motivos: –
Desafío diagnóstico, descartar patología orgánica. – En ocasiones gran
aparatosidad de los síntomas, que empuja a tomar decisiones rápidas. – Angustia
familiar que complica la actitud ante el paciente. – Situaciones que exigen una
dedicación de tiempo importante que interfiere con el resto del trabajo de la
unidad. La mayor parte de estos cuadros son fácilmente identificables y de
escasa relevancia, pero no hay que olvidar que es preciso reconocer los
síntomas de algunas enfermedades, como la depresión, que son potencialmente
letales. Existe una urgencia psiquiátrica verdadera (UP) cuando se presenta una
situación en la cual los pacientes se han vuelto peligrosos para sí mismos o
para otros, o en la que los problemas han llegado a un punto en el que los
pacientes, o bien los sistemas de apoyo (es decir, la familia, la escuela), se
encuentran abrumados y buscan servicios adicionales. Casi 2/3 partes de la
verdaderas UP son secunda rias a intentos de autolisis, depresión grave y
conducta dañina para otros. Otras UP incluyen manía, psicosis y abuso de
drogas. Al tratar una UP verdadera, se debe verificar la seguridad del enfermo
y del personal que lo atiende, por lo que muchas veces será necesaria la
inmovilización física y/o farmacológica del paciente. También será preciso
inicialmente descartar enfermedades orgánicas que amenazan la vida y que se
pueden presentar como una UP, como TCE, hipoglucemia, etc.
Valoración inicial Un niño con una UP se puede
presentar agitado y agresivo o apático y desconectado con los demás, o pasar de
un estado a otro en un instante. El niño agitado se muestra típicamente
ansioso, enfadado y sin respuesta al ofrecimiento de ayuda y puede lanzar
amenazas a la familia o al personal que lo atiende. Algunos pueden mostrarse
desorientados y con pérdida de contacto con la realidad y los más pequeños
pueden estar fuera de control, corriendo por la sala de exploración o
presentando fuertes rabietas, llorando o intentando golpear a los padres y
personal sanitario. Por estos motivos, el pediatra de urgencias debe ser muy
consciente de sus propias respuestas ante el niño agitado; los sentimientos de
enfado y frustración en el médico pueden ser contraproducentes y un reflejo de
la cantidad de estrés que el niño está soportando. En ocasiones el niño se ha mostrado
agitado y agresivo en casa y sin embargo cuando llega a urgencias está
aparentemente tranquilo. Por otro lado el niño que se aisla, está
inapropiadamente quieto y no intenta desarrollar relación alguna con el médico
que lo examina y en ocasiones tampoco con la familia.
La evaluación del paciente psiquiátrico pediátrico
se basa fundamentalmente en la historia y exploración física. En muchas
ocasiones se deberá recabar información de los padres, cuidadores, profesores y
del propio paciente. Debe entrevistarse a los niños separados de sus padres,
especialmente si se sospecha abuso de drogas y en el caso de adolescentes. La
valoración inicial del paciente con una UP debe recoger: – Datos del paciente
(edad, sexo, ocupación...). – Motivo de consulta principal. – Historia de la
enfermedad actual (cómo se presentó el problema, tiempo de evolución, factores
desencadenantes, episodios previos, tratamientos anteriores y actuales). –
Antecedentes psiquiátricos. – Antecedentes médicos. – Medicamentos (neurolépticos,
tranquilizantes, corticoides, antiepilépticos, antidepresivos). – Problemas
neurológicos (retraso mental, autismo, etc.) . – Circunstancias sociales
(ambiente familiar, escuela, maltrato o negligencia, uso de alcohol y drogas,
ambiente social). – Antecedentes psiquiátricos familiares. – Examen mental: -
Apariencia general y conducta. - Nivel de conciencia. - Estado de ánimo. -
Afecto. - Análisis del pensamiento (alucinaciones, delirio, suicida, homicida,
paranoia) . - Memoria, concentración, control de impulsos, juicio, percepción.
– Pruebas diagnósticas (bioquímica, toxicología, TAC, EEG, PL).
El tratamiento inicial, independientemente de la
causa que haya provocado la UP, es tratar las conductas fuera de control. Se
debe ubicar al niño en un área tranquila, lo más aislada posible y en la
aproximación al paciente se deben utilizar expresiones de apoyo y entendimiento
de lo que le sucede, evitando palabras o gestos de ira o frustración que pueden
exacerbar el cuadro. Si con el apoyo psicológico no se consigue que el paciente
recupere algo de autocontrol y resul ta peligroso, habrá que utilizar técnicas
de inmovilización física (correas, sábanas), siguiendo los siguientes pasos: –
Se necesita un mínimo de cuatro personas. – Mantener las manos lejos de la boca
del niño para evitar ser mordidos. – Explicar al paciente lo que va a suceder
si éste no parece entender. – Hay que revisar con frecuencia la comodidad y
seguridad del paciente inmovilizado. – A medida que el paciente se tranquiliza
se va retirando cada vez una zona inmovilizada. Muchas veces, con la
inmovilización física y el apoyo psicológico, el paciente puede sentir que
recupera algo de control y calmarse; si no es así será preciso utilizar
fármacos, una vez descartado un cuadro orgánico que contraindique la sedación o
la depresión respiratoria. El fármaco más utilizado es el haloperidol, (0,5 a 3
mg oral o i.m.). Una vez garantizada la seguridad del paciente, se continuará
con el procedimiento diagnóstico y terapéutico, si es posible con la participación
del psiquiatra. Son indicaciones de hospitalización: – Intento de suicidio. –
Conducta homicida. – Incapacidad de la familia para cuidar al niño. – Maltrato
físico o abuso sexual. – Fracaso del tratamiento ambulatorio. – Estabilización
o ajuste de la medicación.
CONCLUSIÒN.
Las emergencias pediátricas
son las emergencias médicas que se dan después de los 28 dias de nacimiento y
pueden abarcar hasta los 18 años o en algunos países hasta los 14 años, en
nuestros hospitales de segundo y tercer nivel son atendidos por los
especialistas pero en la emergencia prehospitalaria o en el primer d nivel de atención
son manejados por los médicos generales o clínicos; Pueden ser desde la disnea
hasta la parada cardiorespiratoria, debiendo ser indispensable para los
profesionales de la salud reforzar conocimientos sobre
reanimaciòncardiopulmonar pediátrico y manejo del paciente politraumatizado,
haciendo énfasis en identificación y manejo de las situaciones de emergencia, el
triángulo de evaluación del paciente pediátrico nos permite una valoración rápida,
luego de ello identificar los sistemas comprometidos y luego corregir las
alteraciones encontradas, sabiendo reconocer nuestros límites y capacidades
para poder referir a tiempo a nuestros pacientes a un nosocomio de mayor complejidad
si este así lo requiere.
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